Cómo lo han hecho otros.

¿Cuando alguien lea el diálogo que yo he escrito le parecerá que realmente está hablando el personaje? Si en nuestro diálogo un joven habla como un cura de 50 años y una profesora en clase lo hace como si estuviera en un mercado, al lector no le gustará y abandonará la lectura desilusionado. Para poder hacer creíble la forma de hablar de cada personaje tendríamos que controlar dos aspectos:

  • Los parlamentos individuales

 

Antes de empezar a escribir nada de lo que ha de decir, nos deberíamos  hacer  la pregunta: ¿cómo hablaría mi personaje?,  una voz lleva incorporada una visión del mundo y un vocabulario. Para ello, es conveniente tener claro que lo hará según su profesión, su edad, su origen, sus experiencias, sus objetivos y la situación que vive en ese momento.

Una vez escritos los parlamentos, el mejor modo de comprobar si lo hemos hecho bien es mirar a la ficha confeccionada previamente y analizar si nuestro personaje hablaría del modo que lo haría la persona que es, o bien nos resulta una manera "extraña" o inadecuada de hacerlo.

  • El intercambio de parlamentos entre dos o más personajes.

Tener muy claro qué puede y debe decirle un personaje al otro o a los otros.

Para que los personajes resulten auténticos hay que escribir pensando en lo que dirían, pero ellos, no escribir lo que diríamos nosotros en su situación , ya que nosotros somos los escritores , pero no los personajes.

 

Veamos que el tipo de sentimiento que presenta un personaje tiene una fuerza enorme en el diálogo. En el siguiente ejemplo podemos ver a dos personaje expresando uno el odio; el otro, el miedo. Ha sido tomado de la novela de Boris Pasternak, El doctor Zhivago.

-Pero ¿ qué modo es ese de agarrar la lima, asiático ? -chillaba Judoléiev, tirando a Yusupa de los cabellos y golpeándolo en el cuello-. ¿Es así como se lima el hierro colado? ¿Te has propuesto reventarme el trabajo, condenado tártaro?

-No, señor, no lo haré más. ¡Ay, que me hace daño!

-Se lo ha dicho mil veces que primero hay que fijar la pieza en el mandril y después atornillar el trinquete, pero él hace las cosas a su modo, como le da la gana. Por poco me estropea el eje, hijo de perra.

-Yo no he tocado el eje, señor, le juro por Dios que no lo he tocado.