CÓMO LO HAN HECHO OTROS

Seguro que conoces y admiras a la escritora Laura Gallego, autora de libros apasionantes y llenos de criaturas fantásticas. Aquí tienes una muestra de un diálogo entre Dana ( la maga protagonista de "El valle de los lobos") y Fenris, elfo amigo suyo.

Este fragmento no aparece en ningún libro de Laura. Es un sueño que tuvo con estos personajes suyos y que nos ofrece en su página web.

Os recomendamos que la visitéis. Está llena de ideas, historias, sugerencias y consejos de esta joven escritora. Incluso puedes leer cómo escribía cuando era una niña y ya estaba entusiasmada con el sueño de escribir. ¿Te animas tú también?

http://www.lauragallego.com

 

Maritta carraspeó, incómoda.

-Si no me necesitáis más, creo que me voy a dormir. Todavía podré descansar algunas horas antes del amanecer.

Dana sonrió.

-Buenas noches, Maritta.

-Gracias -añadió Fenris.

Los dos se quedaron solos. Ninguno habló mientras Dana aplicaba sobre el torso desnudo del elfo las cataplasmas que había preparado Maritta. Sus dedos se detuvieron sobre una espantosa cicatriz que presentaba Fenris en el vientre.

-¿Y esto? -murmuró, sobrecogida.

-Una vieja herida de batalla.

-¿Por qué no te la has curado?

-La magia no puede curarla. Me la hicieron hace mucho tiempo, bajo mi forma de lobo, con lo único que podía hacerme daño.

Vaciló, y Dana percibió en su expresión, habitualmente tan hermética, todo el dolor que se escondía tras aquella historia. No hizo más preguntas; sabía que él no las contestaría.

-Con esto y con mi magia estarás completamente curado enseguida -le dijo alegremente.
-Eso si atinas a colocar los paños donde toca -replicó el elfo, sonriendo.

Dana enrojeció. Fenris tenía razón: las manos le temblaban tanto que le costaba mantenerlas sobre las heridas de su amigo.

-Lo siento -dijo-. No estoy acostumbrada... -hizo una pausa y continuó-. No estoy acostumbrada a tocar a nadie.

Fenris la miró, comprendiendo. La expresión de Dana era infinitamente triste.

-¿Te resulta extraño? -preguntó con suavidad.

-Yo... sí -confesó ella-. Tú eres de verdad, te puedo tocar. Es... tan raro.