Las palabras que usamos en los diálogos.

Las palabras que vayamos a emplear en el diálogo dependerán de quién sea el personaje que habla y de cómo y en qué circunstancias lo haga.                                                                          

Quién habla

En primer lugar, algo primordial es adaptar los términos y las construcciones gramaticales que vamos a usar a la personalidad que queremos definir por medio de ese diálogo. Hay que asignar a cada uno de los personajes un lenguaje propio, que lo caracterice como individuo.

Los diálogos no son meras copias del lenguaje hablado.

En segundo lugar, debemos poner en boca de los personajes determinadas palabras articuladas según determinadas condiciones que respondan al lenguaje de la vida real, pero que la trasciendan. Los textos literarios dialogados son recreaciones de la lengua hablada, el lenguaje coloquial representa una modalidad oral-conversacional, pero no debemos intentar copiar el discurso oral, sino respetar su ritmo fragmentario, en el que no se puede tender una línea recta, sino que zigzaguea, para conseguir la fluidez.

Como dice Adolfo Bioy Casares: «Hay que tener en cuenta el tono, la manera de hablar de las personas, no la copia servil; creo que es útilísimo, que da vida a los personajes y facilita la lectura. La limitación del diálogo impide que el autor se asome a cada rato en la narración.

Es un buen signo que no se oiga la voz del autor; todo suena más espontáneo».

Sin embargo, se impone conocer los rasgos del lenguaje real para no irnos al extremo opuesto y elaborar diálogos falsos o imposibles. Normalmente, en la vida real los hablantes se interrumpen unos a otros, se superponen, se producen lapsos de silencio o gestos en lugar de palabras; se emplean frases inconclusas, mezclan cualquier tipo de discurso con el discurso cotidiano y trivial.

Del mismo modo, un diálogo narrativo puede incluir titubeos, rupturas, cambios bruscos de tema, interrupciones, elementos de carácter fático, imprecisiones. A medida que fluyen las palabras, pueden ser interferidas por recuerdos, cambios anímicos, observaciones hechas al pasar, etcétera.

Ejemplo:

-Eres tú, Michael. De pronto te has puesto apasionado sin venir a cuento. No estás diciendo nada especial.

-Bueno, Brahms me dice que sea expresivo.

-¿Dónde'? -pregunta Piers, como si le hablara a un niño idiota-. Dime exactamente dónde.

-Compás quince.

-En mi partitura no dice nada.

-Mala suerte -digo, cortante. Piers lee mi parte con incredulidad.

-Rebeca va a casarse con Stuart -dice Helen.

-¿Qué? -dice Piers, perdiendo la concentración-. Estás bromeando.

VIKRAM SETH, Una música constante

Para plasmar escenas con exactitud y originalidad, después de recoger material diferente de las conversaciones que escuchamos al pasar y filtrarlas, debemos saber qué dirían los personajes porque los hemos observado lo suficiente en nuestra imaginación.