Tema, lugar y diálogo

Localizar el tema es asunto de toda narración y no lo es menos en el territorio particular del diálogo. La estructura interna de un diálogo tiene como condición previa la existencia de un tema compartido, de un lugar de conflicto, de una zona de riesgo. Tanto este aspecto como el lugar por donde transitan y el tiempo en que viven los personajes se pueden definir mediante el diálogo y, a su vez, lo definen.

Cada situación implica un tema

En un diálogo, los personajes suelen hablar de lo mismo, desde un mismo ángulo o desde visiones distintas giran en torno al mismo tema.

Y así como los personajes cambian a medida que el diálogo avanza, también entre el principio y el final del diálogo el tema se transforma. Un tema general incluye varios subtemas que se desgranan en la conversación.

A cada situación de un mismo episodio pueden corresponder diferentes subtemas. Desarrollarlos implica ofrecer al lector una serie de informaciones organizadas de una determinada manera. En este caso, la información está incorporada en los parlamentos de los personajes y/o en las acotaciones del narrador. Por ejemplo, el tema puede ser el amor y los subtemas el viaje, el encuentro, los celos, los malentendidos, etcétera.

Es conveniente tomar nota del tema y los subtemas de cada situación para comprobar si la información dada no es excesiva o escasa.

Si nuestro diálogo se complementa con la descripción o el discurso del narrador, debemos asegurarnos de que la información de unos y otros no se superpone ni se contradice.

Enfoques del tema

El diálogo puede informar únicamente o transmitir emoción.

En la situación previa al diálogo, cuando se ambientan los personajes y se plantea el conflicto, un narrador puede informar sobre los sentimientos, el estado emocional que embarga a los personajes; de lo contrario, si no hay información previa, a través del diálogo será necesario dar alguna pista al lector, siempre de un modo sutil y creíble.

Así, el tema del cuento o la novela, vinculado al enfoque otorgado, nos exigirá trabajar el diálogo de una u otra manera: informando, transmitiendo sentimientos o ambas posibilidades a la vez.

Ejemplo 1:

Tema: la figura del detective; enfoque: policiaco; transmisión de información:

-Así que usted es un detective -dijo-. No sabía que existiesen realmente, excepto en los libros; o bien que eran grasientos hombréalos espiando alrededor de los hoteles. [...]

-¿ Qué k parece papá ?

-Me gustó -contesté.

-Quería a Rusty. Supongo que sabe usted quién es Rusty.

-¡Pchs!...

-Rusty era ordinario y vulgar a veces, pero era muy sincero.

Resultaba muy divertido para papá. Rusty no debía haberse marchado así. Papá está muy dolido, aunque no la diga. ¿O se lo dijo ?

-Algo de eso dijo.

-No es usted muy hablador, míster Marlowe. Pero quiere encontrarlo ¿no es eso? [...]

-Pues sí y no.

-Eso no es una contestación. ¿Cree que puede encontrarla?

-Yo no dije que lo iba a intentar. ¿Por qué no se dirige a la

Oficina de Personas Desaparecidas? Tienen una organización eficiente. Eso no es tarea para una persona sola.

RAYMOND CHANDLER, El sueño eterno

Ejemplo 2:

Tema: la añoranza; enfoque: amoroso; transmisión de sentimientos:

-¿Le quieres mucho? -pregunté por fin.

-No lo sé. Acaba con mi paciencia. Me exaspera. Y le echo de menos continuamente.

W. SOMERSET MAUGHAM, El filo de la navaja

El estereotipo

Las novelas costumbristas o naturalistas presentan, en vez de parlamentos que identifican al personaje, voces estereotipadas que se corresponden con tipos sociales. Dice Alejo Carpentier: «Para mí el diálogo, tal como podemos hallarlo en cualquier novela realista, es casi siempre artificial y ampuloso. Así, el diálogo que escuchamos en la comedia burguesa de comienzos de siglo ha pasado al relato con sus fórmulas hechas y sus mecanismos convencionales. A tal pregunta debe seguir, lógicamente, tal respuesta; a tal respuesta tal reacción psicológica. Las palabras saltan de boca en boca como pelotas de tenis, y cada uno de los jugadores sabe cuál es el raquetazo que corresponde a determinadas trayectorias.

»Yo aconsejaría el experimento siguiente: ocúltese el micrófono debajo de un mueble cuando varias personas están conversando despreocupadamente y examínese el resultado, reloj en mano. Se verá con sorpresa (a menos que se trate, desde luego, de una conversación dirigida y orientada, de un coloquio sobre una cuestión concreta) que ningún tema de conversación se sostiene durante más de dos o tres minutos. Las palabras corren de la Ceca a la Meca, por mecanismos de asociación de ideas, en tránsitos que a veces no duran ni treinta segundos. Se pasa con vertiginosa rapidez de la enfermedad de un amigo a la exposición canina, al estreno de una obra, a las carreras de caballos, al último libro leído, a las bellezas de la filatelia, a los amoríos de fulano, al suceso del día, a la compra ventajosa que se puede hacer en una tienda cercana... Pero eso no es todo; el lenguaje hablado procede por elipsis. Los interlocutores se entienden a medias palabras en virtud del mutuo conocimiento de ciertos tópicos.

»Los diálogos novelísticos me horrorizan porque no corresponden a ninguna realidad».

Una prueba

Para comprobar si el tema que queremos desarrollar preside la conversación de los personajes, podemos eliminar parte de los parlamentos, como hace Enrique Jardiel Poncela, en El libro del convaleciente, y averiguar si un lector podría adivinar el sentido general de la historia, el tema principal:

Y fue en aquel mismo día, cuando Sherlock Holmes acudió a su palacio llamado por el Lord Mayor, sir Cachemira Somerset, quien le rogó que tomara cartas en el asunto.

El diálogo entre ambos hombres tuvo una brevedad y un contundismo genuinamente ingleses. Los dos eran tan inteligentes que adivinaban lo que iban a decirse, y tanto parparte del Lord como por parte del detective, ninguno se vio en la necesidad de acabar las frases que sucesivamente iban comenzando.

El Lord.- Mi admirado Holmes: esto no puede ser...

Sherlock.- Verdaderamente. Y supongo que he sido llamado pa...

El Lord.-Eso es. Preciso que en el plazo de cin...

Sherlock.- Antes de esa fecha habré lo...

El Lord.- Lo celebraré en nombre de todo Lon...

Sherlock.- Sí. La ciudad está ate...

El Lord.- Con razón, porque esto es im...

Sherlock.-De acuerdo. Desde ahora mis...

El Lord.- ¡Gra...

Sherlock.-De nada.

Y Sherlock Holmes abandonó el palacio del Lord Mayor.

El lugar

El lugar donde transcurre la conversación nos permite ambientar la situación, aumentar el clima de expectativa, prometer un cambio o un suceso especial. Puede ser nombrado o no por los hablantes. Es decir, podemos saber dónde están los personajes y no comunicarlo al lector o comunicárselo durante el diálogo mismo.

Posibilidad a)

Según en qué lugar se encuentren los personajes, así hablan. Mecanismo a tener en cuenta: la ambientación prepara el diálogo. No se desarrollará igual un diálogo al aire libre que en un espacio interior. Si es al aire libre, no es lo mismo en un jardín que en la playa o que en un cementerio. Si es en un espacio interior, no provocará las mismas respuestas un coche que un hotel.

Posibilidad b)

Explicar en qué lugar se desarrolla la escena a través del diálogo. Mecanismo a tener en cuenta: los sitios nombrados por los personajes pueden abrir el suspense o prometer algún suceso. Si nombran una estación o un aeropuerto, insinúa una despedida o un encuentro; la prisión o una vía abandonada pueden conducir al misterio.