Cómo lo han hecho otros.

ALQUIMISTAS DE LA PALABRA. CREACIÓN LITERARIA.NARRACIÓN 13.CAMBIAR ELEMENTOS DE UN CUENTO

 

Ejemplo: Veamos cómo Cenicienta es la malvada en su famoso cuento: Se trata de la opción que hemos nombrado en el cuadro anterior con el número 2. Como verás nos encontramos con una Cenicienta perversa, muy diferente de la que conocemos.

CENICIENTA

Había una vez un gentilhombre que se casó en segundas nupcias con una mujer humilde y bon­dadosa como no se pudo ver jamás. Tenía dos hijas de idéntico carácter y que se le parecían a ella en todo. El marido tenía por su parte una hija joven, orgullosa y malvada y a la vez bella como una flor y en todo esto se parecía a la que fue su madre.

Nada más celebradas las bodas se desencadenó la ira de la hija que obligaba a la madrastra y a sus hijas a realizar todas las tareas más viles de la casa: fregar los platos, escaleras y limpiar las habitaciones. A sus dos hermanastras las puso a dormir en el desván, mientras ella tenía una ha­bitación entarimada y con espejos para verse de cuerpo entero. Y no hizo lo mismo con su ma­drastra porque le pareció demasiado atrevimiento y porque quizás con ello hubiera enojado a su padre, al que dominaba casi completamente.

Un día mientras sus hermanastras limpiaban la chimenea, pasó ella por allí con tal mal genio que quiso descargarlo sobre el trasero de una de ellas, e intentó dar una patada pero al fallar en su golpe, cayó sobre la ceniza, quedando totalmente cubierta por ella. Desde aquel día, en secreto, le llamaban Cenicienta.

Sucedió que los hijos del rey dieron un baile al que invitaron a las tres hermanas. Cenicienta se puso rápidamente a elegir el vestido y el peinado que mejor le sentaban. Sus dos hermanastras también asistirían, aunque sus trajes y peinados, y mucho menos su belleza, podía compararse con la de Cenicienta. Cuando faltaba ya muy poco para ir al baile y Cenicienta se disponía a ves­tir, una chispa que saltó del fuego prendió la ropa y la quemó toda. Cenicienta se echó a llorar y entonces apareció un Hada que le dijo:

- Te gustaría mucho ir al baile ¿No es eso?

- Sí, yo quiero ir con el traje más bello de la fiesta.

Entonces el Hada convirtió una calabaza en una hermosa carroza dorada. Seis ratones fueron los caballos de un precioso tiro y una rata bigotuda pasó al pescante en forma de gordo cochero. Para acabar, tocó con su varita mágica y estuvo vestida con paños de oro y plata recamado s de piedras preciosas y después le dio un par de zapatos de cristal, los más bonitos del mundo.

Cuando llegó al baile, todos se quedaron prendados de su belleza y ella fue despreciando a pre­tendientes y burlándose de las otras muchachas que no eran tan bellas como ella. Los tres prín­cipes se disputaban uno tras otro el bailar con la espléndida belleza y como debe ser, a las doce, salió corriendo y perdió en la escalinata del palacio uno de sus zapatos.

Al día siguiente salieron los tres príncipes a buscar la poseedora de tan delicado pie que pudiera calzar el zapato de cristal. Cenicienta esperaba tranquila, sabiendo que pronto sería la princesa y, mientras tanto, atormentaba a sus hermanastras riéndose de ellas. Al llegar los príncipes la re­conocieron y pelearon por ella. Al final, el mayor de ellos se casó con ella y así Cenicienta llegó a ser reina de aquel país. Pero como su carácter no cambió, pronto dominó a su esposo y fue ella la que gobernó al pueblo tratándolo mal, aumentando los impuestos e imponiendo su santa vo­luntad, ayudada por el ejército que reprimía todo intento de sublevación. A sus hermanastras las casó con los otros dos príncipes pero para lograr tenerlas en casa y poder seguir mortificándolas. Al morir su padre, puso a su madrastra de cocinera en palacio. Y así vivió muchos años, ella feliz y los otros desgraciados.