Cómo lo han hecho otros.

ALQUIMISTAS DE LA PALABRA. CREACIÓN LITERARIA.NARRACIÓN14.PLAGIO

Observa cómo se ha plagiado el cuento de Rodari

REEMPLAZANDO LA PALABRA NADA POR OTRA COMO HUMO, MADERA, FUEGO, NIEVE, ETC.

EL HOMBRECILLO DE NADA
(del libro "Cuentos por teléfono", Gianni Rodari, 1962)

Érase una vez un hombrecillo de nada. Tenía la nariz de nada, la boca de nada, iba vestido de nada y llevaba zapatos de nada. Se fue de viaje a una calle de nada que no iba a ninguna parte. Se encontró a un ratón de nada y le preguntó:
-¿No temes al gato?
-No, de veras -contestó el ratón de nada-, en este país de nada sólo hay gatos de nada, que tienen bigotes de nada y garras de nada. Además yo respeto el queso. Me como sólo los agujeros. No saben a nada, pero son dulces.
-Me da vueltas la cabeza- dijo el hombrecillo de nada.
-Es una cabeza de nada: incluso si te das contra una pared no te hará daño.
Queriendo hacer la prueba, el hombrecillo de nada buscó una pared para golpearla con la cabeza; pero era una pared de nada, y como él había tomado demasiado impulso, cayó del otro lado. Tampoco allá había nada de nada.
El hombrecillo de nada estaba tan cansado de toda aquella nada, que se durmió. Y mientras dormía soñó que era una hombrecillo de nada que iba por una calle de nada y se encontraba con un ratón de nada, y también él se ponía a comer los agujeros del queso, y el ratón de nada tenía razón: no sabían en verdad a nada.(...)
 

EJEMPLO DE "PLAGIO" REALIZADO: EL HOMBRECILLO DE HIERRO
(derivado del cuento de Gianni Rodari, "El hombrecillo de nada", 1962)

Érase una vez un hombrecillo de hierro. Tenía la nariz de hierro, la boca de hierro, iba vestido de hierro y llevaba zapatos de hierro. Se fue de viaje a una calle de hierro que no iba a ninguna parte. Se encontró a un ratón de hierro y le preguntó:
-¿No temes al gato?
-No, de veras -contestó el ratón de hierro-, en este país de hierro sólo hay gatos de hierro, que tienen bigotes de hierro y garras de hierro. Además yo respeto el queso. Me como sólo los agujeros. No saben a hierro, pero son dulces.
-Me da vueltas la cabeza- dijo el hombrecillo de hierro.
-Es una cabeza de hierro: incluso si te das contra una pared no te hará daño.
Queriendo hacer la prueba, el hombrecillo de hierro buscó una pared para golpearla con la cabeza; pero era una pared de hierro, y como él había tomado demasiado impulso, cayó del otro lado. Tampoco allá había hierro de hierro.
El hombrecillo de hierro estaba tan cansado de toda aquella hierro, que se durmió. Y mientras dormía soñó que era una hombrecillo de hierro que iba por una calle de hierro y se encontraba con un ratón de hierro, y también él se ponía a comer los agujeros del queso, y el ratón de hierro tenía razón: no sabían en verdad a hierro.
(...)