Cómo lo han hecho otros.

ALQUIMISTAS DE LA PALABRA. CREACIÓN LITERARIA.NARRACIÓN 16. TRADUCCIÓN DE TEXTOS IMAGINARIOS


Siempre he sido un poco "rata de biblioteca" por mi amor por los libros. Me resulta más fácil convivir entre estanterías llenas de conocimiento con ese silencio acogedor que inunda cualquier biblioteca que se precie, que entre el bullicio ruidoso que apetece tanto a mis compañeros de generación.

Mi afición por la letra impresa me llevaba muchas veces a rebuscar entre las polvorientas hojas de los ejemplares de alguna librería de viejo- compraventa de libros usados-. Allí había encontrado desde colecciones pasadas de moda, pero no por ello menos entretenidas, de libros para adolescentes como las de "Los cinco" o "Los Hollister" y sus múltiples aventuras, de Enyd Blyton. Pero pronto me hice más exigente en mis necesidades literarias y pasaba largos ratos buscando a los clásicos o alguna rareza editorial.

Una de esas tardes, absorto entre montones de papeles amarillentos, cayó en mis manos un pequeño librillo, con las hojas sueltas en su interior, viejo, ajado, desmadejado, pero con un mapa plegado- como el de la Isla del Tesoro- y un texto a mano, escrito con pluma estilográfica y con sus letras ya clareando, que estaba escrito en un extraño idioma que no conseguí descifrar al primer intento.

Decidí que merecía la pena investigar un poco más y compré ese amasijo de papeles por el módico precio de un euro. Corrí a la bibioteca en busca de la sección de diccionarios para averiguar qué escondía aquel texto:

 

 

Parecía escrito en un latín muy antiguo y mis conocimientos eran bastante básicos. De este modo decidí ponerme en manos de un experto y gracias a un buscador por internet contacté con un afamado traductor.

Le hablé de mi pequeño pergamino, pero no le dije nada aún del mapa. Mostró un interés pausado al principio , pero enorme cuando supo datarlo: era del siglo II. Comenzó su trabajo y aprendí mucho de la labor del traductor: era como un relojero que armaba las piezas de un laborioso rompecabezas. poco a poco las ideas encajaban, las palabras formaban oraciones y las oraciones ideas completas.

Resolvió la incógnita: el texto hablaba de un tratado de Aristóteles oculto en un templo de la antigua Grecia y se refería a un plano de cómo encontrar el sitio exacto del escondite.

¡ Era el mapa que yo guardaba! No dudé en abrir mi confianza a aquel experto, pues en sus ojos brillaba el mismo fulgor que veía en los míos cuando encontraba en los libros esos misterios que sólo eran desvelados a los escogidos .

Con la ayuda del Departamento de Investigaciones para la Recuperación de la Historia Clásica un equipo viajó hasta Grecia con la misión de encontrar el recóndito libro. A mí me invitaron por deferencia ya que yo había renunciado a mis derechos por compartirlo con la humanidad.

El hallazgo mereció la pena. Se encontró un legajo atado y bien conservado que completaba todo el estudio astronómico que Aristóteles realizó entre otras labores científicas.

Desde entonces nadie da por perdidos mis ratos entre los libros, papeles y carpetas y he decidido estudiar traducción de textos antiguos: ¡ Apasionante!