LAZARILLO DE TORMES. Adrián García Hernández.

 

Lázaro estaba durmiendo en el establo, donde su amo le dejaba. Como este no le daba mucha comida, se consiguió hacer una copia de la llave de su amo, para poder comer cuando el no estuviera.

Pero como no encontraba un sitio seguro para esconderla a la hora de dormir, se metió la llave en la boca, sin darse cuenta, de que mientras dormía empezó a silbar.

-         Lázaro.- ¡Fissss, fissss!

-         Amo.- ¡Ahh, la serpiente anda por el establo!

-         Lázaro.- ¡Fissss, fissss!

-         Amo.- ¡Ahora se va a enterar, jejeje, con este palo, le voy a dar una buena paliza!

-         Lázaro.- ¡Fissss, fissss!

-         Amo.- No te vas a escapar, maldita serpiente, ya no vas a comerte más mi comida.

-         Amo.- ¡Toma bicho, toma, te gustan los palos... comete esto ahora, haber si te gusta bicho, toma, jejeje...!

-         Lázaro.- ¡Fissss!, ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Amo que soy yo...!

-         Amo.- ¡Umm!, que raro, juraría que ahí estaba la serpiente, la estaba oyendo. ¿Qué tienes en la boca, Lázaro?

-         Lázaro.- ¡Que dolor de cabeza, amo!, ¿En la boca?... Es una llave.

-         Amo.- Esa es la llave del arca de mi comida, ladrón. O sea que eras tú. Ahora te vas a enterar lo que hago yo con los ladrones.

-         Lázaro.- ¡Yo no..., ay, ay, ay, no es lo que piensa amo! ¡Lo siento!

-         Amo.- ¡Fuera de mi casa ladronzuelo! Ahora si que ya no me robarás más comida.