UN DIA INESPERADO. Débora Guarch.

Estaba Débora en la puerta del supermercado, esperando a su madre, que aún no había llegado. La espera fue inmensa. Duraba, y duraba, y duraba... Al fin su madre llegó, pero se le había olvidado la cartera, y le tocó ir otra vez. Los de la calle no paraban de mirar como Débora no paraba ni un instante. ¿Qué hará allí la chiquilla esta?¿La habrá abandonado su madre?

Por fin llegó mi madre, que ahora se le había olvidado el cigarrillo encendido en la casa.

- Oh dios mío! El cigarrillo!

Otra vez igual, aquí sentada esperando a que la señora de la casa llegara sin olvidos, ni incendios provocados por un simple descuido. Pasaron los minutos, cada instante de aquel tiempo significaba para mí menos momentos de vida que podría haber disfrutado de no ser por esta espera tan infinita. Pasaron las medias horas, y de ahí las horas completas. Ella no paraba de mirar el reloj, o mejor dicho las manecillas que tardaban cada vez más en moverse.

De las horas pasaron a los medios días, y de ahí a los días enteros. ¿Qué diablos hacía aquella muchacha en la puerta del supermercado un domingo? ¿Sería que estaba allí todo el día esperando a que abriera un domingo? Se la veía muy intranquila, como si un abejorro le estuviera rondando cerca de ella con ese ruidillo enloquecedor. Yo ya no aguantaría mucho más ahí sentado junto a la ventana mirando como esa pobre chica no sabía que no abrirían hasta el día siguiente.

- ¿Por qué me castigas así señor mío? ¿Por qué me as dado una madre inútil capaz de quemar una casa? Si sabes la razón señor, envíame una señal de esas que envías tú en las películas en la que el chico está desesperado porque piensa que su vida acaba ahí.

En ese momento me di cuenta de que lo que había pasado era por una razón. Lo estaba viendo yo, ante mis ojos, en la acera de enfrente, limpiándose los mocos, que del frío parecían estar un poco atascados en su nariz.

Él, se dio cuenta de que alguien lo observaba alguien, y vino hacia aquí.

Pensé en decirle un "hola" natural, pero después pensé un "hola",¿Qué tal estas?

Mmm, no, muy soso, ¿qué tal un..... ¡Eh tronco!, ¿Cómo te va la vida?, pero era demasiado exagerado. Entonces me di cuenta de que paso de largo, y se dirigía a una muchacha pelirroja como él, y la beso en la mejilla. Se me rompió el corazón, y eso que solo lo conocía de unos minutos insignificantes, pero que para mí, eran como haber estado con él toda la vida (o por lo menos eso quería).´

Fui hacia él algo indecisa de lo que iba a hacer. Pero quería dejar claro que me había dolido. Pero si él estaba saliendo con ella, yo no tenía ningún derecho a estropearles la relación por algo que ni siquiera yo estaba segura que sentía.

Me dirigí hacia ellos sin controlar cada paso que daba, pero en ese momento vino mi espantosa madre corriendo hacia a mí con una cara de espanto que ni los ogros en su peor cara.

- ¡Hola mi vida!- soltó. Ya estábamos otra vez con el cuento de que se le había atascado la mano dentro de una tubería, y por ello no había venido a recogerme antes.

Suspiré muy lentamente y me fui de allí sin decirle ni una palabra a aquella extraña que me había tenido una vez en un hospital, que en este caso fue una granja con patos rodeándome. Pero nada de eso me importaba ahora. Nada de lo que dijera o hiciese mi madre podría impedir que llegara a hablar alguna vez con aquel chico.

Ví como la chica esquivaba a las personas que se le cruzaban para llegar a su objetivo.

Entonces agarró a la acompañante de este, y la empujo a un lado.

-Hola, me llamo Débora pero mis amigos me llaman Debby- le dije

Se quedó sin habla, inmóvil, petrificado, atemorizado, y temblando de arriba a bajo.

Enseguida echó a correr como una liebre a la que le persigue un león.

Yo lo perseguí hasta que se detuvo enfrente de una cafetería.

- ¿Quién diablos eres tú?- me gritó

 

- Ya te lo he dicho soy Débora pero mis amigos me llaman Debby- le respondí sin perder la paciencia que me quedaba, que había logrado escapar de mi madre.

 

En ese momento llegó la chica pelirroja de antes y le dijo:

-Hermanito!! ¿Te encuentras bien?-

Me di cuenta del error que había cometido empujando a aquella chica, sin saber ni quien era.

Estuvieron aclarando las cosas un par de horas, y "Debby" le pidió disculpas a ambos.

Yo, mientras, estaba tomándome un cafecito en la cafetería de la otra esquina. Y cojí un nuevo cigarrillo. A partir de ese momento me dí cuenta de que cada uno es responsable de los errores que comete, y debe intentar aprender de ellos. Eso me incluía especialmente a mí. Tal vez no era la mejor madre del planeta, pero quería a mi hija como una de ellas. Débora estaba avergonzada de mi torpeza, pero yo era así, e intentaría cambiarlo.

En los próximos años, yo estaba en un chalet de un pueblecito no muy lejano de aquí.

Mi hija, se había ido a vivir con un hermanastro de aquel chico pelirrojo, que un día inesperado conoció.

Sólo me queda presenciar su boda, y el nacimiento de sus hijos, o lo que es lo mismo, de mis futuros nietos...