UNA TARDE INVERNAL. Ivan Peña.

Martín fue al merendero del Parque de Oriente una tarde del mes de Enero a merendar, su merienda se basaba en una dieta que su madre le recomendó al marchar de su país y de esta manera no los añorase. Así que todas las tardes que salía el sol cogía su cesta de color marrón he introducía una petaca con té y una bandeja con pastas, un libro de bolsillo y se sentaba en su banco preferido orientado al norte y bajo la sombra de un enorme árbol en el cual se oía el trino de un nido de pajaritos. Esta tarde iba a terminar de leer un libro titulado"El marinero errante y Nereida la bella"que se trataba de un marino que un buen día se echo a la mar en busca de aventuras y tesoros, y tras varias calamidades fue a para a un conjunto de ínsulas de las cuales nadie volvía según  contaba en la taberna del puerto del Emirato de Omán un anciano navegante armenio. Este remero retirado que parecía algo demente contaba esta historia a todo aquel que le invitara a tomar unas copas de ron, y tal y como  se vaciaba la botella de sus labios manaba la historia. Su voz era nostálgica, su mano derecha le temblaba y si le mirabas  a los ojos bien de cerca en su retina parecía de verdad que él hubiera sido el protagonista de su relato. Bueno sigamos al ver tierra giro bruscamente el timón e intento buscar una cala tranquila donde poder atracar, bajo la barca cogió los remos y se puso a remar  tal y como se aproximaba a la orilla y distraído que estaba al ver la exuberante vegetación de la isla le pareció ver  cerca una bella mujer  sentada en unas rocas que emergían del mar y sin pensárselo dos veces giro el remo derecho  y bogo hasta ella. Tan embelesado le tenía  su rostro, sus ojos verdes parecían esmeraldas como las que quería encontrar en un tesoro, su larga melena morena le caía por encima de sus senos, ejercía tal atracción que parecía un imán y sin remedio y loco de remate entre sus brazos se quedo. Fueron pasando los días y aunque su amor por la ninfa era eterno cada vez sentía más la necesidad y le  venia a la mente la idea de zarpar y volver a sentir el aire de la brisa marina, el afán de dominar las bravas olas, dinero y joyas escondidas, el merodear por los tugurios de Roma, etc. Pudo descubrir que fue la reina de un reino bajo el mar pero  como no quiso casarse con neptuno rey de los mares este destruyo su pueblo y a ella la obligo al retiro en esas minúsculas islas para meditar y que lo aceptara como marido. Una noche con fuerte oleaje cuando ella se fue a dormir, el izo el ancla y como era un lobo de mar  temerario que parecía no temer a nada y sentía que tenia la rienda de su vida en sus manos se echo a la mar en busca de otras aventuras, tesoros y bellas mujeres en alguna península remota. Cuando Martín que era un tiarrón de 1,80 terminó la historia tiró el libro al suelo y se rió del tramo tan ameno que acababa de hojear.