Ampliar y reducir.Ivan López.

AMPLIACIÓN Y reducción. Iván López.

En el mercado de Londres había un hombrecillo bajito, con barba, con gafas de cristal grueso (porque tenia muchas dioptrías), con cabellos largos, canosos y medio rizados, en resumen, se le veía buena gente. Vendía muchas cosas: estatuas, muñequillos, ciudades, cromos...
Un barbero, que era muy alto, le quería comprar una ciudad para que allí vivieran todos sus amigas, nunca se olvidaran de él y para celebrar todos sus cumpleaños y las fiestas que ellos diariamente querían celebrar, la única ciudad que le quedaba al hombrecillo, era la ciudad de Estocolmo.
Al barbero le parecía mucho los siete euros con setenta y cinco céntimos que pedía, porque iba a tener muchos gastos con las fiestas que iba a celebrar, y quería que el hombrecillo se las regalara. Pero el vendedor le convenció para que lo comprara peloteándole y diciéndole que era de verdad, también le dijo que podía entrar dentro, como también le dijo, que si no se la compraba, que no pasaba nada, porque tenia mucha gente que daba el doble de dinero por ella que él, pero como habló primero con él, decía que tenia preferencia, por eso, por ir a comprarla el primero.


Al final el hombrecillo le convenció al barbero en comprársela y el barbero pagó siete euros con setenta y cinco céntimos (lo que el hombrecillo pedía) por la ciudad de Estocolmo, que se creía que era la ciudad en carne y hueso.


Quería ir a ver su ciudad, y, en efectivo, fue a visitar su ciudad, todas se reían de él por ser tan tonto en comprarla, pensaba que nadie le entendía, como también pensaba que se le reían por tenerle celos de tener una ciudad como Estocolmo en la palma de la mano por solo siete euros con setenta y cinco céntimos. Reflexionando un poco, pensó que había hecho buena compra porque no era demasiado el precio que puso el hombrecillo para la ciudad de Estocolmo, pero era tal la cabezonería que tenia que no reflexionó demasiado como para creer que ninguna ciudad se compra.


Al cabo de dos semanas, el hombre estaba pensando de mil maneras de como entrar a su ciudad porque quería hacer unos cuantos arreglos y preparar todas las casas de sus amigos y de la gente que iba a entrar individualmente y colectivamente hasta que pensó, que era normal que le costara la "ciudad" siete euros con setenta y cinco céntimos porque no era de verdad.
Ahora comprendía por que la gente se le reía y se burlaba de él al comprar la ciudad de Estocolmo, parecía tonto en creerse que podía comprar la ciudad de Estocolmo verdadera.

 

REDUCCIÓN

 

Una vez llegó un tiovivo a Cesenatico, tenía seis caballitos y seis coches. Se empujaba con los brazos. No era un gran tiovivo pero los niños siempre querían montar.
- ¿Qué tiene este tiovivo que todos quieren montar? -se preguntaban las mamás.
Un anciano se subió. Los pies le llegaban al suelo, pero reía. El anciano se encontró en un instante altísimo, y no fue más que un mapa. "¿Adónde iremos?", se preguntó el anciano. En aquel momento se le cruzó por delante su nieto. Y detrás de él, los demás niños.
Quién sabe dónde estaría el hombrecillo; pero todavía se oía el disco. Cada vuelta duraba un disco entero. -"Debe haber un truco -se dijo el anciano-.
Ahora la caravana espacial sobrevolaba todo el mundo, va disminuyendo. El disco había terminado. El anciano miró y estaba de nuevo en el tiovivo, el hombrecillo lo frenaba sin sacudidas.  El anciano bajó tambaleándose.


¿Un brujo? ¿Un tiovivo mágico al son de un feo cha-cha-cha? Pensó: es mejor que no se lo cuente a nadie. Quizá se reirían a mis espaldas.