Blancanieves y el Enanito Feo. Romina Malutan.

Había una vez,  un castillo muy antiguo, hecho de bloques de piedra muy fuertes, en que vivía una reina, que se llamaba Elizabeth, sus ojos eran demoníacos y solía hacer cosas malvadas con su espejo mágico. La reina siempre preguntaba al espejo:

-¿Qué persona es la más guapa del mundo?

 Y el espejo todos los días respondía lo mismo: Blanca nieves.

 Hubo un día que hacía mucho frío y soplaba el viento entre las ramas de los árboles, mandó a un cazador especialista  a matar a Blanca nieves. ¿Por qué? La pobre joven, era la hija de una campesina que murió y su belleza pasó a manos de su hija. Cuando el cazador y su perro  vieron su belleza le dijo:

-¡Vete! ¡Huye!

 La asustada chica, corrió por todo el bosque lleno de animales salvajes  hasta encontrar una casa pequeña. En la casita, había siete enanitos, pequeños y tenían instrumentos de minería en las manos,  pero uno era diferente que acababa de llegar ahora; (Era un poco más alto, y  feo,  había  dicho que ha huido de su casa porque sus padres lo pegaban todo el tiempo y que se llamaba Christian). Blanca nieves les había dicho lo que le había pasado y les pidió permiso  para dormir y comer. Los enanitos encantados de tener una mujer en la casa que les prepara la comida, le comentaron que podría  ser también la dueña de la casa. El día siguiente, en la calle, todos se rieron del pobre enanito que conducía el carro con los utensilios para trabajar los minerales. Algunos tiraban objetos contra él y otros  escupían en el carro. Christian con la mano encima del corazón y con la cabeza agachada, se dijo a sí mismo  que no les haría caso y que seguiría el camino. Cuando llegaron a la cueva  los compañeros de trabajo y sus seis hermanos enanos se burlaron de él pero el enanito ya no podía soportarlos. Decidió ir lejos porque era  tan feo que ninguno lo quería. Tenía que buscar un lugar en que todos le  respetaran  un poco y que le quisieran como amigo. De caminar tanto tiempo encontró una casa, creyendo que sería un lugar en el que le apreciaran un poco. Allí dentro había una mujer vieja que tenía la piel arrugada y vivía con su gato y su gallina. Cuando el enanito entró, el gato y la gallina vinieron hacia él con mucha violencia porque era de un tamaño muy inferior y tuvo que escapar. Christian caminó cuanto pudo, pero como había llegado el invierno, la nieve le impedía correr. Llegó en un campo cubierto por una manta blanca y que solo de veía los extremos superiores de la hierba.

 De momento se oyó como si alguien viniera  cerca de él y, asustado, se tiró por atrás. Esperó unos cuantos minutos y vio un perro gordo de caza que se llamaba Rex.  El pobre perro, de feo que era el enanito, lo dejó y volvió a su tarea. Christian corrió continuamente hasta llegar a un lago grande que estaba helado. Cuando pasó el invierno, las flores de los árboles comenzaron a florecer y el canto de los pájaros empezó a oírse. Cuando el enanito se despertó, miró en el agua limpia, y vio un enanito guapo y muy dulce. Se decidió ir a casa porque ahora ya no era  feo, a ver si lo respetaba alguien. Cuando llegó a casa observó a sus hermanos enanos y a la Blanca nieve  que envejeció muy rápido. Les dio un abrazo y sus seis hermanos le pidieron ¡Perdón!

 Elizabeth, la bruja mala y ahora vieja, preguntó al espejo ¿qué persona es la más guapa del mundo? Y el espejo respondió: Christian. Elizabeth pensó en como hacer que el enanito despareciera  y que ella fuera la más guapa del mundo. La bruja decidió vestirse de una mujer joven que vendía manzanas para que no la reconocieran los demás. Cuando pasó por la casa le vendió a Christian una manzana envenenada que éste comió. El enanito, cayó al suelo envenenado. Después de una hora llegó la Blanca nieve y le preparó un medicamento tradicional de su pueblo y se curó. La bruja, cuando le dijo el espejo que la persona más guapa es Christian, se enfadó y preparó un gorro que cuando te lo pones, se estrecha alrededor de la cabeza y t hace mucho daño. Se vistió de una mujer muy vieja y se lo vendió. Christian se lo puso, le estrechó tanto la cabeza que ya no pudo ni ver y se cayó al suelo. Cuando vinieron los seis enanitos encontraron al pobre Christian caído en el suelo, lo levantaron y le quitaron el gorro. Christian, dando las gracias a todos, se recuperó inmediatamente. Elizabeth cuando vio en el espejo que el chico aún vivía y ya no le venían ideas, golpeó el espejo diciendo que no era bueno para nada. El cristal, se hizo añicos y con él también murió la bruja. Colorín, colorado y la narración ya se ha acabado.