Caperucita Roja. Alba Sanahuja.

Todo comenzó una calurosa mañana de Agosto en la ciudad de Aminatur, era una ciudad que no todo el mundo conocía, pero para que os hagáis una idea era algo así como Madrid.

La madre de una preciosa niña llamada Carla, que todos la conocían por Caperucita Roja, Caperucita, siempre iba vestida con una caperuza de color rojo, ella decía que le daba suerte, pero no sé si suerte la de hoy, le mandó que fuera a la residencia número 5 de la ciudad para ver a su abuela Florinda, Florin para los amigos, y aprovechando la ocasión que Caperucita le diera una sorpresa regalándole la revista que a ella más le gusta, el Hola y llevándole un pastelito que había hecho su mamá. Al salir de su chalet su madre le dijo:

-¡Adiós hija! Ten mucho cuidado al cruzar la ciudad y no te fíes de nadie.

-Vale mamá, un beso, adiós- le respondió su hija

Caperucita siguió su camino y fue directa a la parada de autobús, allí se encontró con un hombre, no de muy buena pinta. Aquel señor era alto, de nariz pronunciada, con un espeso bigote negro, también llevaba un puro  y una gorra de color verde y amarillo, iba vestido con un chándal viejo y unas zapatillas deportivas. Parecía concentrado en algo. Lo que más le sorprendió  de él fue el maletín que llevaba, porque era muy grande y con un número muy largo en la parte delantera del maletín.  El señor estaba hablando por el móvil y decía cosas extrañas, sin sentido, como si hablara con algún tipo de código. Cuando el señor acabó de hablar por teléfono le dijo a Caperucita:

-Hola, espero que no pienses que soy un cotilla, pero ¿le puedo preguntar a donde se dirige? es que conozco muy bien la ciudad y le podría indicar el camino más corto.

Caperucita se  quedó muy asombrada ante los buenos modales del caballero y le contestó:

-Hola, yo me dirijo a al residencia número 5 de la ciudad.

-Pues de ese modo el camino más corto es coger la línea 2, que es la que viene después de este autobús- le contestó el hombre.

-Vale, le haré caso señor, muchas gracias.

-De nada, bueno espero que mis indicaciones le sirvan de mucha ayuda, espero también verte alguna vez más, pues yo me voy ya que el autobús que viene por allí-señaló el hombre con el dedo- es el mío

-Adiós-contestó Caperucita

Cinco minutos después llego el autobús de Caperucita. Subió en él. Una vez allí hubo dos cosa que hizo que Caperucita se asustara, lo primero fue que vio a un señor que llevaba el mismo maletín que el señor de la parada del autobús, con el mismo número, y también iba hablando por el móvil en aquel código extraño y lo segundo era que el autobús estaba tardando demasiado en llegar a la residencia, tardaba más que otras veces. Caperucita pensó que tal vez pertenecieran a una  secta y que no le debería haber dicho a aquel señor que ni siquiera sabía su nombre a donde se dirigía y tampoco haberle hecho caso.

Unos minutos después Caperucita llegó a su destino, bajó lo más rápido que pudo del autobús y acudió corriendo a la residencia, para contarle lo sucedido a su abuela Florin. Una vez dentro Caperucita se tranquilizó y acudió a la habitación de su abuela y Caperucita se la encontró en la cama. Caperucita le dijo:

-¡Hola! abuela te he traído el Hola y un pastelito de parte de mi mamá.

-¡Hola Caperucita! Que alegría recibir tu visita, muchas gracias por todo-le respondió su abuela.

-Una pregunta abuelita ¿Por qué línea de autobús se llega antes por la 1 o por la 2?

-se llega mucho antes si coges la línea 1, por que si coges la línea 2 pasas antes por el teatro Adelina y por mercadona y luego llegas aquí, pero si coges la línea 1 llegas directa aquí

-Vale abuelita muchas gracias. Otra cosa ¿Por qué hay gente a habla idiomas extraños? ¿Son  malas esas personas?-preguntó Caperucita para ver si conseguía algo de información sobre señores que había visto en el autobús

-No se porque los hablan, nunca he oído un idioma de esos y tampoco se si son malos o no, tu pos si acaso no te fíes ni de los que hablan idiomas raros ni de nadie-respondió el señor malo sin aclararle nada.

-abuelita, abuelita ¿Por qué hay gente que en los maletines llevan números largosy extraños?- volvió a insistir Caperucita intentando sacar algo mas de información

-tal vez sea cosa del fabricante-respondió el señor que se hacia pasar por Florin quitándose la pregunta del paso como pudo

-Oye ¿no tienes la voz muy ronca?

-Sí cariño es que estoy algo acatarrada-le dijo Florin tosiendo.

-Para que te mejores deberías tomarte el jarabe PICOLIN-la dijo Caperucita.

-Vale.-afirmó Florin- ¿Me lo puedes traer que lo tengo en el servicio?-le preguntó a Caperucita.

Caperucita fue directa al baño y menudo susto se dio la pobre. Allí se encontró a su abuela Florin y Caperucita muy asustada le preguntó:

-Abuela, si tu estas aquí ¿Quién hay en la cama?

-No lo sé ha venido dando voces, me ha cogido y me ha sacado fuera de la cama y se ha metido en la cama él y me ha dicho que me fuera o si no me mataría-le cuenta Florin a su nieta.

-¡Que miedo!- afirmó Caperucita-¿y tú que has hecho abuela?

-Correr tan rápido como las piernas me han dejado y hasta donde me han dejado, entonces me metí al baño sin que el hombre malo se diera cuenta-le explicó a Caperucita

Al momento el señor que estaba metido en la cama gritó:

-Caperucita estas tardando mucho ¿Qué haces?

-No te preocupes que estoy haciendo un pis-le contestó Caperucita.-Tú descansa que ahora voy yo- le dijo a su abuela falsa

Caperucita y su abuela Florin, la verdadera, trazaron un plan, y el plan era el siguiente:

1º_Caperucita saldría y le daría a aquel señor la medicina.

2º_La abuela verdadera también saldría, pero sin que se diera cuenta el señor malo.

3º_Caperucita establecería una conversación con su abuela falsa, pero la que contestaría sería su abuela de verdad. Así el señor se daría cuenta de que lo habían pillado.

4º_Caperucita y su abuela destaparían a aquel señor y lo atarían con cuerdas hasta que la policía llegara.

Así fue, Caperucita le dio el jarabe, estableció una conversación con el señor y contestaba la abuela entonces caperucita le dijo:

-Si que te ha hecho rápido efecto el jarabe.

-¡Si!-contestó el señor.

Caperucita y su abuela verdadera dijeron a coro tal como habían ensayado:

-¡Sabemos que no eres la verdadera Florin!

-¡Porque yo estoy aquí!-dijo Florin

Después de esto las dos, nieta y abuela, lo destaparon y lo ataron con cuerdas. Caperucita se asustó al ver el rostro del señor que se escondía bajo las sábanas, porque era el señor con el que se había topado en la parada del autobús. Caperucita muy asustada le contó lo sucedido mientras esperaban la llegada de los policías.

Una vez llegados, los policías se llevaron a aquel extraño hombre a comisaría y Caperucita, muy nerviosa, le contó también al comisario lo que le sucedió en la parada del autobús y dentro del autobús. El comisario la tranquilizó. Después le dijo que eran dos hermanos ladrones que siempre robaban en las residencias haciéndose pasar por familiares de alguien que estuviera viviendo en esa residencia y sobre lo de los números del maletín el comisario le dijo que era algo que identifica a este grupo de ladrones y también le dijo que tenían un lenguaje privado con el que hablar, por eso nadie los conseguían pillar a tiempo. Caperucita le dio las gracias al comisario por todas sus aclaraciones.

Unos minutos más tarde llegó la mamá de Caperucita y las dos juntas se fueron a su precioso chalet.

Pero lo que ya nadie sabe es lo que pasó con aquel señor y su hermano, pudieron quedar libres o estar mucho tiempo en la cárcel o poco tiempo, quien sabe si algún día en el autobús ves hablar a un señor con un extraño lenguaje y además lleva un maletín.